De Silicon Valley al mundo: el chileno que revoluciona a las industrias con sus drones

Desde niño se cautivó con la tecnología y en la adolescencia, casi jugando, Chris Sánz empezó en el emprendimiento. Viviendo en EEUU ambos mundos se unieron en su empresa Skycatch, la que lo tiene de vuelta en Chile. Esta es su particular historia.

Evitar errores, usar menos mano de obra y, por ende, generar un gran ahorro eficientando los procesos. Es lo que toda empresa busca y un chileno ideó una tecnología que hace eso realidad.

Aunque es chileno, ya hace muchos años que Chris Sanz vive en EEUU y es allí donde creó Skycatch, una startup que usa drones para mejorar el desarrollo de proyectos en diferentes industrias.

¿Cómo lo hace? No son drones cualquiera. Estos usan una tecnología que permite mapear grandes extensiones de terreno de una forma más rápida. Un verdadero escaneo de las superficies al detalle, lo que permite a empresas ahorrar tiempo y evitar fallas que pueden significar pérdidas de recursos, “una combinación de hardware, software e inteligencia artificial para entregar datos”, como la misma empresa explica.

Con un capital levantado hasta ahora cercano a 85 millones de dólares, acaban de cerrar una serie C con un gran inversor internacional: el Banco de Asiático de Desarrollo. Sumado a ello, han recibido recursos de Israel y EEUU para ampliar el uso de la tecnología aplicada al sector construcción: poder escanear al interior de las edificaciones.

Pero tras esta innovadora empresa tecnológica está la historia de este chileno que desde niño tuvo el impulso de inventar -un giro sin tornillo- y al que también le surgió un temprano instinto como emprendedor.

“Cuando era chico siempre andaba tratando de construir cosas, cuando visitaba a mi abuelita en Chile. Me acuerdo que estaba tratando de inventar una aspiradora, era una aspiradora de cartón que tenía scotch adentro, entonces la daba vuelta y agarraba la basura”, cuenta Sanz sobre sus primeros atisbos de inventor. “Me entretenía construir cosas mecánicas y siempre que me regalaban algo así con motor, lo desarmaba completamente”, comenta.

Chris también cuenta sobre su fascinación por los computadores y tenía acceso a ellos gracias al trabajo de su padre que permanecía en EEUU y le mandaba de estos modernos aparatos como la  Commodore 64 “que era increíble para mí, porque tenía juegos que se demoraban cinco minutos en cargar en disquete, pero igual era fascinante”.

Ya en la adolescencia es que se asoma ese primer instinto emprendedor. Vivía en Talca, pero los fines de semana iba con su hermano a Santiago y trabajaban en una tienda de computadores que estaba al lado de la casa de su abuela. Era sin sueldo pero a cambio los dejaban copiar los juegos y los llevaba de vuelta a Talca y los vendía o intercambiaba.

Fue en esos años que su tía que vivía en el país del norte observó su interés por la tecnología y le sugirió irse con ella. “Fui por un mes, pero el objetivo de ella era que me quedara allá. Y su esposo era un ingeniero súper bacán que le gustaba mucho la mecánica de diseño y construir cosas y me enseñó un montón de cosas”, relata.

Era el principio de los 90 y eran los inicios del internet “y en Chile no teníamos acceso a esto. Entonces era como ‘yo no puedo dejar esto, entonces me quedé seis meses más, un año y ya nunca más volví”.

“Yo nunca quise ser un emprendedor”

Pese a esa primera pyme de venta e intercambio de juegos, a Cris no le interesaba iniciar un negocio. “La verdad yo nunca quise ser un emprendedor. Mi papá era emprendedor, tenía su propia empresa. Él se quedó en EEUU y creó sus propias compañías y la verdad es que yo lo encontraba loco”, dice.

En vez de seguir los pasos de su padre, y en medio de una etapa complicada, decidió entrar al ejército en EEUU, específicamente a la US Navy. “Fue algo que me cambió la mente. Pasar por eso de estar poco confortable, pero al extremo, pasar por eso como que me cambió la mente y yo creo que parte de eso es ser emprendedor, porque tienes que pasar por muchas incertidumbres, cosas que tú no sabes cómo van a pasar”.

Tras eso, llegó a un lugar muy distinto. Trabajó en una empresa que prestaba servicios para Disney. Allí volvió a lo suyo, la tecnología, ya que era parte del equipo que elaboraba máquinas y hologramas para el parque.

Luego vendría el primer acercamiento al mundo de las startups. Trabajó en varias de ellas diseñando aplicaciones. El paso por esas empresas pequeñas fue una experiencia nueva. “Son tan chicas las compañías que estás involucrado en la parte de las ventas, en todo, te llaman a todas la reuniones entonces estás viendo en tiempo real los cambios, los procesos”, expresa.

Tratando de cambiar el mundo

Llegó a ser vicepresidente de tecnología de una compañía, pero eso no era lo suyo. “Fue súper aburrido, trabajo de oficina, administrativo. Buena paga y todo, pero súper aburrido”, confiesa.

Pasada esa experiencia, el destino lo llevó a San Francisco, ciudad californiana, una de las más importantes cunas del emprendimiento tecnológico, donde está Silicon Valley. “Lo único de San Francisco que me gusta es que todos están tratando de cambiar el mundo y eso es bien único. Tu ves a un ingeniero de Los Ángeles y está pensando en comprar un auto nuevo, comprarse un Tesla. Un ingeniero en San Francisco está en ‘quiero cambiar el mundo’, entonces son completamente diferentes, me atrajo mucho más eso”, afirma.

Al fin comenzaba a dar sus primeros pasos como emprendedor. Comenzó a participar de hackatons y crear startups, algunas con más éxito que otras. En ese mundo fue que conoció a personas y puede decirse que fue el inicio de su empresa.

“Encontré un grupo de amigos que estaba trabajando en drones. Ahí empezamos a hacerle hacking al dron, a un dron francés (…) Empezamos a hackearlo y convertirlo en algo que nosotros podamos manipular”, cuenta. Lograron hacerlo para que ingenieros trabajaran con aplicaciones en el dispositivo.

Se trató del primer acercamiento a estos aparatos. Hizo una competencia de drones que atrajo a grandes empresas e instituciones, logrando sponsors y haciéndola crecer, pero no era lucrativo, sin embargo, eso fue el inicio. “Conocí mucha gente que fue vital para crear Skycatch”, expresa Cris. De hecho, uno de los ganadores de ese torneo hoy es el que está encargado de toda la parte de tecnología de la compañía.

“Al principio no sabía qué iba a hacer. Estaba más enfocada en la seguridad”, una sugerencia de su padre, apunta. “Los drones se levantaban. Si entraba alguien a tu sitio iban y sacaban fotos y videos”.

Eso duró poco. “La gente no estaba dispuesta a cambiar sus sistemas de seguridad y si alguien le tiraba una bala al drone, se cae”, cuenta.

Un comienzo clandestino

Tras ese breve paso por el rubro de seguridad, comenzó a averiguar dónde podía ser útil el servicio que ofrecían estos aparatos y le sugirieron los sectores de minería y construcción. Partió con el segundo, aunque de una forma muy particular.

“Empecé a visitar lugares de construcción. Me tuve que disfrazar porque no tenía cómo pedir permiso, era imposible entrar y empecé a volar (los drones) en dos proyectos y pensaban que yo era parte del equipo. Entonces yo les daba la data, los videos y yo veía las reacciones de la gente, porque ese era mi objetivo ver sus reacciones, que vieran los beneficios, cuál es el valor que les estoy dando a partir de esa visión aérea”.

Y es que las mineras y constructoras usaban aviones para hacer el escaneo fotográfico aéreo de sus terrenos de trabajo, aunque era carísimo, dice Chris. Pero con esta apuesta innovadora podían reemplazar eso, tener resultados todos los días y a un costo más barato para las empresas.

Le quisieron comprar la novedad, pero ese email que le llegó con la propuesta se lo mandó a un inversionista. Y pese a que quería seguir probando el servicio, este lo instó a empezar ya con la compañía. Ya era el 2013.

“Las compañías a esas que me metí, me hicieron contrato, todo legal esta vez (…) ellos vieron que les traje mucho valor”. Para ese momento ya había levantado capitales por US$3 millones. Así empezó a contratar más gente y ya en el 2014 empezó a recibir contratos grandes. Uno de ellos ni más ni menos que el nuevo campus de Apple.

El salto definitivo

Luego de sumar y sumar contratos, llegaría otra gran oportunidad. Una compañía japonesa se interesó en esta innovación. La gigante Komatsu Limited es una compañía líder del rubro que fabrica maquinaria, precisamente, para la industria de la construcción y de la minería, pero también para el uso militar, industrial, entre otras.

“Me dijeron ‘necesitamos adquirir tu tecnología’, pero en ese entonces no la teníamos totalmente desarrollada”, cuenta Sanz, detallando que, por ejemplo, los mapas que desarrollaban sus drones aún no eran muy precisos y que demoraría años en llegar a eso. Pero los nipones le dieron US$10 millones para lograrlo.

Llegando en 2017, la tecnología avanzó una serie de fases requeridas por Komatsu. “En dos años y medio creamos lo que se demoraba como seis días, creamos la data en 30 minutos, de capturar automáticamente sin ningún piloto, a procesar automáticamente con una precisión de cinco centímetros”, expresa con entusiasmo Chris.

A finales de 2018, con la tecnología afianzada en lo que siempre buscaron, Skycatch ya existía como tal, como se conoce hoy, estaban listos para ofrecerla y es ahí donde llegan a la minería. Los primeros pilotos se hicieron con empresas del calibre de la británica Anglo American, la australiana BHP Billiton y la canadiense Barrick Gold, entre otras.

Tras la pandemia, que significó un freno a su expansión, este año retomaron la tendencia de crecimiento que venía de 2019, cerrando nuevos contratos y no solo a través de Komatsu, sino que también con otras compañías del rubro que les prestan servicios al sector minero

“Ahora que tenemos también operaciones aquí en Chile con compañías canadienses y estadounidenses, queremos trabajar directamente con las compañías de Chile”, indica este chileno, quien confidencia que ya hay avances con Collahuasi.

“No busco ser profeta”

Pese a vivir en EEUU y a desarrollarse profesionalmente allá, su lazo con el país es fuerte y lo expresa de esa manera. Pero esta es la primera vez que regresa para presentar y expandir su empresa, aunque mantiene cierto grado de humildad.

“Yo siempre me he mantenido, y mi equipo me conoce, con bajo perfil y no me gusta hacer noticia, pero lo hago ahora para que la gente sepa lo que hemos construido, para que la gente tenga acceso a lo que hemos construido”, dice.

Y subraya: “A mi me gusta Chile, yo quiero tener un lugar donde quedarme en el futuro, tengo a mi mamá aquí, me encanta la comida chilena, yo añoro a Chile. Ya me hice amigos en esta nueva visita”, pero insiste en que “no busco ser profeta (en mi tierra), sino que otro chileno más, otro chileno más que puede aportar”. 

Asimismo plantea que su ideal es sumar para relevar la creatividad local. “Más que nada, poner a otros chilenos que son jóvenes, que tienen inteligencia y ayudar a ponerlos en un pedestal, eso me encantaría. Hay muchos chilenos inteligentes que pueden crear nuevas compañías y me encantaría ayudarlos. Eso me hace más feliz”, afirma.

Creerse el cuento 

Al consultarle por qué consejos podría darle a aquellos que quieren desarrollar una idea y convertirla en una startup exitosa, confiesa que al partir él también tenía dudas. “Yo estaba en la misma situación, pensando en algo, en que no sabía cómo hacerlo, no sé cuál es el primer paso, de pensar ‘tengo miedo si no resulta’”.

Sin embargo, resalta que emprender significa correr riesgos y estar dispuesto a enfrentarlos. “Hay un dicho que me encanta y dice que ser emprendedor es tirarte al vacío y construir las alas mientras estás cayendo. Te debes tirar, pero debes creer en eso”, expresa.

Y cuenta que el mejor consejo que le dieron una vez es que a nadie le gusta entrar una fiesta que está vacía. “Si tu vas caminando y ves un restaurante vacío ¿entras? No. El ser humano es igual para todas las cosas, si está vacía la cosa, no se mete. Siempre se van a meter a un lugar que está lleno, porque eso es un signo de que la cosa funciona”.

Lo anterior, explica, se traduce en el momento en que el emprendedor está en la búsqueda de gente que crea en su proyecto y que quiera financiarlo, donde la actitud es clave. “Es igual en las inversiones, tienes que decir que la fiesta ya está llena, que no tienes espacio (…) si crees en tu compañía, tienes que venderla de cierta manera que no puedas aceptar a cualquier persona. Entonces en vez de decirle a cualquier persona ‘dame un peso’, cambia  y eso hace que ya te quieren más, ‘yo no acepto a cualquier persona, pero te estoy evaluando para ver si tu puedes contribuir a la compañía’ (…) Tú decides cuánto espacio tienes”.

Grandes ambiciones

La historia de Cris da cierto espacio a la confianza que tiene en su empresa. ¿Hay opciones de venderla a futuro o quieres seguir desarrollándola? “Lo que queremos hacer con Skycatch es ser la compañía más grande del mundo, traer mucho valor a las compañías mineras, de la construcción y expandirnos a otros mercados, pero en ese proceso, que es muy largo, ese es nuestro objetivo, nuestra visión”, asevera.

Pese a ello, dice que si hay una oportunidad en donde hay gente interesada en comprar la compañía, lo vamos a evaluar eventualmente, pero el objetivo principal es hacerla crecer mundialmente.

¿Y si viene Elon Musk y se muestra interesado? Se sonríe antes de contestar: “Que invierta, pero no tengo tanto espacio”.

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