Impresión en botellas, la última gracia del polifuncional taller Octoprint

Nacido como un hobby, el emprendimiento de Felipe Pineda creció en base a esfuerzo, tiempo y unos cuantos fondos concursables.

72 mil pesos. Ese fue el capital inicial original de Felipe Pineda, que el año 2010 comenzó a hacer poleras de distinta bandas musicales del sur de Chile.

Todo siempre muy rockero.

“Reuní esa plata gracias a un trabajo que tenía con un minisello discográfico de bandas nacionales e internacionales underground de metal. Con esa plata compre una racleta, un tarro de emulsión -uno de tinta blanca y negra- y empecé a trabajar en mi habitación haciendo poleras de bandas para los lanzamientos del minisello y amigos”, cuenta Cepeda desde Valdiva.

Ese fue el principio de Octoprint –@taller_octoprint en Instagram- taller que lleva más de diez años trabajando tanto en serigrafía, parches y otros, y que ha ido creciendo de a poco, con la ayuda de amigos y consejos de otros cercanos.

“Un amigo me recomendó acercarme al Centro de Innovación y Emprendimiento Sercotec Valdivia en donde inicie actividades y postulé a unos cuantos fondos. Con el primer semilla compre mis primeras maquinas: una estampadora y un pulpo de serigrafia nuevos”, cuenta sobre sus inicios y la experiencia acumulada.

Pineda dentro y fuera de su taller en Valdiva.

Incluso, se dio el lujo de irse a Lima para estudiar en Ikarus taller con el experto peruano Joy Susano, aprendiendo nuevas técnicas y uso de nuevos materiales para seguir creciendo en experiencia.

Así, llegaron nuevos fondos y nuevas maquinarias, destacando unas unidades semiindustriales que le permitieron consolidar su crecimiento y perfilarse como un emprendimiento de tomo y lomo.

Curiosamente su máquina favorita no llego de Asia ni de EE.UU.: “Mi favorita sin duda es un cartón que envolvimos en huincha de embalaje para doblar poleras, por su utilidad y bajo costo”, dice, riendo.

Pandemia y cerveza

Como si el rock y sus derivados estuvieran atados a Felipe, la llegada de la pandemia afectó una serie de líneas de negocios muy consolidadas por el Taller Octoprint, como es la ropa y accesorios varios.

Pero nació otra: la impresión de growlers, esas grandes botellas de cerveza que se popularizaron con el alza de la producción artesanal de dicho brebaje.

“Nuestros primeros growlers fueron de Nothus! Ellos llegaron solicitando imprimirlos y, con el paso del tiempo fue el producto más vendido debido a la demanda por los bares cerrados durante la pandemia”, cuenta, conociendo de primera fuente el valor de diversificar su trabajo.

Algunos productos creados por Octoprint.

Y es que además de la impresión en polerones, gorros, y otros tipos de género hoy Octoprint se ha especializado en la impresión en vidrio, consolidando su posición en el mundillo de los bares y cervecerías:

“Actualmente podemos hacer serigrafía en vidrio que posteriormente se vitrifica, haciendo que esta impresión no se pueda borrar, asegurando un acabado final de excelente calidad. Ellos me han encargado vasos, shoperos, growlers, botellas, copas e incluso jarras de cerámica, pudiendo incluso imprimir sobre madera”, cuenta el emprendedor.

Y si bien la operación en general es de una persona -sobre todo en invierno-, en verano cuando se llega a necesitar de colaboradores debido a la alta demanda de productos que les solicitan, entregando una oportunidad de trabajo a hasta cuatro personas más.

Todo gracias a un camino lleno de apoyos, buenas ideas y fondos variados, uno de ellos el Centro de Negocios Sercotec Valdivia -operado por la Universidad Austral de Chile-, y que ocurrió justo en medio de su postulación a un Fondo Crece.

“Llegué con ventas y formalizado, por lo que me interesé de inmediato en recibir la ayuda que aquí ofrecen al emprendedor. Cuando me surgen dudas acerca de cualquier tema lo pregunto en el Centro y me han ayudado, ya sea en el ámbito tributario, sobre marcas, entre otros. He podido hacer contactos que se han transformado en oportunidades de negocio, en encuentros con otros cerveceros, en charlas de ventas, marketing, e incluso pude exponer mi trabajo frente a otros emprendedores”, cuenta.

Y siempre, siempre, innovando en su artesanía gráfica.

“Hacer lo mismo nunca ha estado en los planes. Siempre estamos viendo qué cosas nuevas imprimir, o que “level up” conseguir. De hecho, el último ha sido uno de los más potentes: conseguir vitrificar pigmentos minerales a 600° gracias a un Fondo que permitió adquirir un Horno para vitrofusion”.

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