Startups unicornio en TV: un tóxico baile de egos y millones de dólares

Hay algo paradójico detrás de la sana -y super normal- intención de querer cambiar el mundo: ¿hasta qué punto puedo quebrar paradigmas, lineamientos y leyes en nombre de un nuevo sistema que, en teoría, será mejor para todos? ¿Debo desatender el sentido común de una operación multimillonaria sólo para avanzar y romper moldes?

Empíricamente, se puede. Eso hicieron, con distintos resultados, los CEO de Theranos, WeWork y Uber, creadores de tres startups unicornio que utilizando distintos caminos tocaron el cielo del entrepreneurship para terminar cayendo por su egocéntrico e intenso peso.

Estas atractivas historias están siendo narradas con muchas similitudes a través de tres series “The Dropout” en Star+, “WeCrashed” en Apple TV+ y “Super pumped: the battle for Uber” en Showtime (no disponible desde Chile pero podría llegar pronto vía Paramount+), siendo casi biografías de los fundadores de cada una de estas startups: Elizabeth Holmes (Amanda Seyfried) de Theranos, Adam y Rebekah Neumann (Jared Leto y Anne Hathaway) de WeWork, y Travis Kalanick (Joseph Gordon-Levitt) de Uber, cerebros cuyo funcionamiento da para pensar si es necesario tener un CEO enfermo del chape para tener un emprendimiento de esa escala.

Eso según estas series. Entre temas de estilo, soundtrack y actuación, las tres difieren en muchas cosas. Lo que se repite es el modus operandi de los protagonistas, todos emprendedores jóvenes y fundadores que creyeron que era fácil jugar a ser CEO.

Vivir el pitch

Adam y Rebekah Neumann -Jared Leto y Anne Hathaway- el vanidoso centro de gravedad de la enorme WeWork

Aunque los expertos en la materia saben que la idea, y el pitch de la misma, es sólo parte de un emprendimiento exitoso, resulta curioso ver en “WeCrushed” como Adam Neumann logró convencer a medio mundo que su concepto de lugar de trabajo ideal -un kibbutz permanente, lleno de cerveza gratis y diversión- iba a ser sostenible en el tiempo.

Y si logró hacerlo fue porque el tipo vivía su concepto, por etéreo que este fuera. Claro, lo hizo quemando millones de dólares en el camino y alimentando a un monstruo de los bienes raíces mediante contratos a largo plazo y, en general, bicicleteando compromisos hasta que las pérdidas fueron insostenibles.

Algo similar ocurre en “The Dropout“, donde Elizabeth Holmes es una aguerrida y puntuda estudiante de 19 años que decide renunciar a la universidad para fundar una empresa de test sanguíneos de bajo costo y así reducir la muerte innecesaria de inocentes seres humanos. ¿Suena bien, no? ¿Quién podría negarse? Ese espíritu le permitió sumar, en cosa de años, millonarias inversiones y apuestas en un desarrollo Biotech que nadie vio funcionar.

¿Humo? ¿Trucos de una mente enferma? ¿Confianza en la idea? No está muy clara la diferencia entre una y otra, pero Holmes se aferró con dientes y uñas a ese ideario de salud popular, al punto que vendió el fallido concepto al retail por millones de dólares para poder seguir financiando la investigación de un producto que, repetimos, nunca funcionó.

Distinto es el caso de Travis Kalanick que en “Super pumped: the battle for Uber” lleva adelante un proyecto que cambió la forma de transportarnos comiéndose a todo el mundo por deporte, y no para ofrecer una mejor servicio. Así fue consiguiendo dinero para financiar regalías a los socios conductores, comprar a la competencia y para consolidar la posición de Uber en las ciudades donde llegaba, viviendo el slogan y la idea, todo horrorosamente similar a una tóxica y misógina secta.

Un ego enorme

Amanda Seyfried como Elizabeth Holmes: el mejor papel en la carrera de la actriz.

En retrospectiva, es difícil imaginar la crianza que tuvieron los tres protagonistas de estas series como para que lleguen a creer que pueden comerse solitos el mundo. Y aunque los emprendedores que leen esto seguro pueden entender el empuje que los movió a cambiar paradigmas, presumo también entienden que ese ego enorme se puede transformar en un arma de doble filo.

El caso de Holmes es, quizás, el más poderoso. Adolescente figura que representó a la mujer como CEO con portadas en Forbes y más, la popularidad de Theranos iba de la mano con el reconocimiento que el mundo le daba a la ex estudiante de Stanford y su popular invento. El mismo que aún no era inventado, formalmente hablando.

Eso la obligó a chocar cabezas con todos quienes la rodearon, ya sea porque cuestionaban los resultados de sus pruebas, el secretismo en torno a la operación biomédica y, en la última etapa, sobre el número de patentes que de verdad inventó: aunque fue CEO de su empresa Holmes nunca trabajó en un laboratorio. Pero eso no importaba, pues para ella y su entorno, lo más importante es que siguiera siendo la joven CEO, dejando en segundo plano a la ciencia y el sentido común.

El caso de los Neumann también roza el escándalo. Sin discutir sobre negocios con nadie más que su socio y su esposa, el fundador de WeWork convenció a todo el mundo que su visión era real, y que el gastar millonarias sumas en la operación diaria era necesario, un bien para un fin y no un modelo de negocios extremadamente fallido.

Juntos expandieron el concepto a escuelas y más, todo en torno a un estilo de vida lleno de lujos y conexiones espirituales, dando a entender que lo primordial de todo esto es mantener la imagen de éxito y buena onda, confiando en que llegara otro inversionista con bolsillos eternos, quemando miles de millones de dólares en el camino. Y así fue hasta que Adam Neumann fue forzado a renunciar del cargo de CEO por presiones de los inversionistas y el directorio de la empresa, sino sigue.

Lo de Kalanick también fue un ejemplo de ego suelto en Nueva York, San Francisco y donde fuera que Uber decidiera instalarse. Con actitudes desatadas de abuso, tóxica autoridad y secretismo, fue su personalidad en el cara a cara la que le permitió reunir los millones de dólares en inversiones para alimentar la abusiva y cada día más peligrosa empresa.

Y aunque de la realidad a la ficción hay un espacio enorme de especulaciones y falsas verdades, los hechos indican que el CEO de Uber logró conseguir inéditos 250 millones de dólares de inversión de Google Ventures, tras convencer al mismísimo Larry Page durante un desayuno en la sede de Google en Mountain View, California. Cara a cara.

Las víctimas

El expresivo encanto de Joseph Gordon-Levitt como Travis Kalanick

Dentro del foco compartido por estos tres emprendedores destaca la necesidad de ser un buen CEO. Todos quienes rodean financieramente a los fundadores destacan la complejidad que implica actuar como Chief Executive Officer de una idea que tu diste vida.

En ese camino va quedando un largo listado de personas, profesionales y familiares, que se fueron alejando golpeados, dañados y traicionados mientras Elizabeth, Adam y Travis se dedicaron a escalar hasta el Olimpo de la industria respectiva.

Pero fue la de Theranos, que instigó, enfrentó y desactivó a un sinnúmero de colegas y científicos en el camino, la que sufrió el mayor impacto cuando Ian Gibbons, su mentor y cerebro biológico, se suicidó a días de tener que declarar sobre quién era el verdadero creador de las patentes de la empresa: el o Holmes.

Adam y Rebekah Neumann, por su parte, vivieron desestimando cualquier idea que fuera una pizca en contra de su visión de empresa. Y aunque muchos dicen que la esposa de Adam nunca tuvo un cargo formal en WeWork, igualmente despidió a la Chief Brand Manager para tomar su puesto pues no compartía la misma visión que ella, mientras que sacó a otros competentes profesionales por tener mala vibra.

Ya a un nivel más empresarial, Travis Kalanick era reconocido como el chico malo. Apoyado en su control sobre la junta de directores, conspiró contra socios, levantó empleados de empresas rivales y desestimó, corporativamente, una infinidad de casos relativos a abuso sexual en la empresa, seguridad de los usuarios y choferes de Uber, e incluso las quejas de Apple, que tuvieron que ver como una actualización de la app robaba datos de los usuarios en todo el mundo menos en Cupertino, donde la empresa hace las pruebas antes de subirla a la App Store.

Y ni siquiera hay vergüenza: mientras Holmes celebra la muerte del científico pues la libera de la investigación en curso, Kalanick desde el dia uno apostó por esa fama de chico duro, al punto de iniciar sus entrevistas de trabajo con un categórico: “¿Estas dispuesto a ser un hijo de puta?” ¿Los Neumann? Siguen en la suya, siendo evangelistas de su propio credo.

Es cierto, son caricaturas. Son excepciones, casos seleccionados de CEO y fundadores que destacaron pese a las fallas, tanto personales como del ecosistema donde respiraron. En ese sentido, “The Dropout”, “WeCrashed” y “Super pumped: the battle for Uber” son casos de estudio, algo dramatizados, de cómo llevar adelante una empresa exitosa siendo una horrible persona.

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